Esa hermosa canción que muchas chicas se saben de memoria de haber consumido tanto Disney y princesas decía algo como:
"Te conozco, caminé contigo una vez en un sueño
Te conozco, ese brillo en tu mirada es tan familiar
Y se que es cierto que las visiones rara vez son lo único que parecen
Pero si es que te conozco, conozco también lo que harás...
Me amarás de una vez, como la vez que lo hiciste en un sueño"
Me pasa que vivo soñando con gente, con cosas cotidianas, con cosas no tan cotidianas. Pero esa noche no fue algo para dejar pasar. Te soñé como hacia años luz no te soñaba. Me sentí como Aurora cantando en el bosque esas palabras. ¿Por qué? Porque yo si te conozco. Te conozco de una vez en un sueño. De otra vida, como diría otra sabia alma.
Entonces pensé que sería muy lindo escribir sobre qué soñé, cómo se sintió. Obvio que siempre sueño en tercera persona así que no va a costarme relatar mi sueño. No es un sueño muy "disney" dado que no sé que había sucedido en mi cabeza ese día y pienso reservarme ciertos detalles para mi intimidad. Dado que esto está LEJÍSIMO de serlo. Bueno... de acá en más los dejo con mi otra yo y el otro vos... en un universo alterno donde las cosas se ve que son muy diferentes. ¿Mejores? No sé.
Había sido el cumple años de un amigo en común. Este chico nos invitaba a ambos claro está. La fiesta era en su casa y después ibamos a una especia de emmm, bar? No sé. Creo que era algo más parecido a un bar-boliche. Digo bar porque yo me quedaba en la barra y había para estar ahí y no todos los boliches tienen eso. Pongamosle un bar-boliche. En fin, yo llegaba con una amiga a la fiesta y entonces nos veíamos pero nada. Sin importarnos en absoluto. Y cada uno en la suya. Éramos como dos desconocido con mucha historia en común. Pero sólo eso.
Entonces mi amiga decide irse a vaya a saber quien a donde (mi mente la hizo desaparecer como por arte de magia). Y me quedé sola. Sentada en un sillón entre toda esa multitud con la vista en el piso y te apareciste para simplemente decirme "Hola" y sentí la necesidad de responderte con una simple sonrisa. Me la devolviste y empezamos a hablar. Hacía años que no hablabamos. Y bueno, trago de por medio, nos actualizamos. Mi amiga, nunca volvió.
Ya pasada la media noche nos íbamos a ese ¿bar? Bueno. Ahí te volvía a perder. Nos volvíamos a perder. Y cada uno de nuevo en la suya. Y después de bailar y tomar y pasarla genial con mi amiga ella me decía que se tenía que ir. Y era como "¿QUE? NO TE VAYAS POR FAVOR" Y bueno, mi amigo me decía "quedate dale! No te vayas" y ya para esa hora de la madrugada me daba cosa joder a mis viejos entonces, cualquier cosa era mejor que dormir entonces me decía quedar y ahí terminé en la barra. Siempre haciéndome amiga de algún borracho de ahí.
De nuevo. Sentada mirando al piso. Esta vez con muchísima más gente, muchísimo más ruido y mucho más sucio el piso. Me sentía totalmente invisible y era como que ya dado por el alcohol y lo tarde que se estaba haciendo y sumado a lo aburrida que estaba sentía como que el plano real se difuminaba y cualquier pensamiento que se me resbalara en ese momento resultaba más interesante.
Totalmente alienada en mis pensamientos comencé a escuchar una voz muy particular que se me acercaba a hablar. Ya no entendía mucho porque estaba muy alta la música. Me miraste de nuevo y volviste a ver entre toda esa gente y me volviste a decir "Hola". ¿Acaso es necesario que seas así de hermoso cuando saludas a alguien? ¿Acaso sabías lo que yo estaba pensando? ¿Acaso vos también me soñabas así? ¿Acaso nos conocíamos de alguna vez en un sueño?
Bueno, después de esos minutos -porque si, estaba medio feliz- te respondí con una sonrisa de nuevo. Que como buen caballero me devolviste. Me invitaste un trago. No estaba muy segura de aceptarlo porque ya no podía más con mi vida del sueño y no quería mostrar mis vulnerabilidades que junto a vos se exacerbaban a medida que pasaba el tiempo y vos te acercabas cada vez más a mi.
Y cuando digo acercar hablo de acercamiento físico y espiritual. De pronto se sentía como todo mi sistema se revolucionaba. Y si, era el alcohol pero ¡por favor! Los borrachos y los niños nunca mienten. Y en ese momento mi corazón no latía como siempre.
Me hablabas y me mirabas constantemente la boca. Si no era eso, me mirabas los ojos. Y les juro eso era lo peor. No podía mantenerte la vista. No podía mantenerme entera sin sentir que me derretía por dentro y considerando que no podía mantenerme en pie - o mejor dicho bien sentada- por lo que había tomado podía justificarme por eso y evitar que pensaras que por dentro me prendía fuego y me estaba consumiendo al tenerte tan cerca mío.
Bueno.. ahora viene la parte en la que todo se puso muy divertido. Eso sentí yo en mi sueño.
Querías que bailaramos y yo no podía bailar nada. Estaba muy feliz y vos estabas super sobrio y no entendía por qué. Hasta que empecé a sentirme muy mareada. Muy mareada. Me iba al baño. Y te decía que me dejaras, que te despreocuparas que yo estaba bien y que ahora llamaba a mi viejo que me venía a buscar y listo. Que YO PODÍA SOLA. Siempre digo eso. Pero lo que nadie entiende, NADIE lo entiende ni lo entendió hasta el día de hoy es que esa frase pide a gritos ayuda todo el tiempo. Pide que le digan "no. no podes sola, yo te ayudo". Y vos me la decías. Finalmente alguien me decía "no. dejá yo lo voy a solucionar por vos y va a estar todo bien". Increíblemente prefería confiar en vos porque no quería molestar a mis viejos.
Pero en un micro-segundo de lucidez te preguntaba como buena orgullosa y desafiante que suelo ser "Ah... Ok. ¿Y como vas a ayudarme supuestamente?" Y se ve que vos me conocías muy bien también. Me decías "dejame mostrarte lo que puedo hacer. Vos confia en mí". Y les juro que en mi sueño confiaba. No sé si por el hecho del sueño en sí o por el alcohol o porque en ese universo todo está planeado como tu mente quisiera que se de en la realidad. Pero confiaba. Y empezabas a perfilarte al guardarropas y te decía ¡¿QUE HACES?! Y me decías : "Nos vamos de acá". Y yo te miraba con cara de "¿estás loco? No me voy a ningun lado" y medio que me hacía la que me escapaba y claramente con el alcohol que tenía encima me podía perseguir hasta una tortuga que me iba a alcanzar.
Ahí nos veía nuestro amigo y te decía algo y te abrazaba y a mi me decía "andá y cuando estés mejor, te volvés a tu casa". Y yo le decía "andá a dónde?" En fin confiaba. De nuevo.
Al salir del bar-boliche, yo ya riendome de todo y de todos te preguntaba a dónde me llevabas. Me respondías "a mi casa, no podés volver así a la tuya". Y ahí yo me estallaba: ¿A TU CASA? Ah. ¿y cómo vamos a ir? ¿en helicoptero? Y para mi sorpresa, no había helicoptero... Taaaaan grande no sueño. Pero me decías que no, que me conformara con un auto y que me callara. Y me subías y me ponías el cinturon y me venías retando todo el viaje. TODO EL MALDITO VIAJE. Yo me acuerdo de eso y era como "este por qué me reta tanto... si era esto, me hubiera quedado mirándolo en la barra mientras pensaba cosas perversas y hubiera sido más productivo"
En fin, llegabamos a "su casa". Bueno. Era un departamento super blanco. Posta, creo que esa es la palabra que logro recuperar de la sensación que tuve. Muy equilibrado. Muy todo perfecto. Raro. Y ahí yo entraba y miraba todo. Te felicitaba. Ahí volvía más en mí misma y me ponía a llorar sentada en el sillón de tu living. Y te decía que no sabía que estaba haciendo con mi vida. Estaba muy mal con todo lo de mi abuelo. Que me había dolido tanto y que mi abuela estaba tan tan mal y que mis viejos también. Todo eso que no sabes. Te lo decía. Te decía que no entendía mucho cómo la vida podía terminarse así de la nada. En fin. Se ve que vos también me conocías... Sabías cómo calmarme. Me calmaste. Me abrazaste. Y me dijiste: "tomá anda a bañarte y yo hago algo para que comas y te recuperes un poco" y me dabas un beso en el cachete derecho.
Salia de bañarme y me habías dicho que fuera para tu habitación que me llevabas algo y que querías que me durmiera un poco. Cuando llegabas con la comida estaba sentada como indio con una remera tuya, y unas medias altas hasta las rodillas -mias de lo que tenía puesto antes- y te enojabas. Y yo te decía que no podías enojarte con una chica que estaba tan feliz. Y me decías "¿feliz alcohólicamente o en qué sentido? Entonces te invitaba a sentarte al lado mío.
No querías al principio. Creo que tenías miedo. No te culpo. Yo recuerdo que te estaba mirando con más hambre a vos que a la misma comida que me traías. Tenía hambre pero no quería ese sanguchito que me traías.
Estabas totalmente confundido. Y creo que tenías todo tu derecho en estarlo. Pero enseguida te decía cómo me sentía. Que te agradecía por cuidarme esa noche. Y vos te acercabas lentamente. Pero todavía no habías soltado el plato, ni tampoco te habías sentado.
Entonces me paraba yo. No venías a mi, entonces... voy yo a vos. Y te ponías nervioso. Mucho. Y yo te agarraba el plato y lo dejaba en la mesa de luz a la derecha de tu cama. Y me acercaba tanto o más como vos me lo habías hecho en el bar. Y te decía acercándome a tu oído izquierdo ¿tenés miedo que temblas tanto? Y me sonreía con tanta picardía que no sabías qué iba a pasarte. Pienso que tu cara expresaba una confusión terrible pero a su vez pedía a gritos lo mismo que yo pedía.
Para mi sorpresa, me contestaste mientras me agarrabas de la cintura: "No Julieta, no te tengo miedo"
Y yo te respondía instantáneamente: ¿No me tenes miedo? Demostramelo.
Y no pienso contar cómo pero creo que entendí que ya no me tenías miedo en absoluto. Lo que sí puedo contar es que después de eso entendí que si te conozco y que conozco también lo que hiciste: me amaste de una vez, como la vez que lo hiciste en ese sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario