jueves, 23 de marzo de 2017

PUENTE DE DIODOS

CAPITULO 2

Y ya se encontraban en grupo. Nuestra chica se mantenía callada. Ella era demasiado vergonzosa para dar el primer paso en una conversación y mucho más cuando se trataba de todos chicos. Pero en silencio disfrutaba del momento. Disfrutaba de cómo él se desenvolvía al hablar. 
"Podría ser locutor" pensaba... Y de pronto llegó información sobre nuestro chico. Parecía que el chico misterioso compartía muchísimo con nuestra silenciosa muchachita. 
Se terminó el día en la facultad y ellos no cruzaron más palabras que las que se habían dado en ese círculo educativo, mientras ella intentaba evitar distraerse y mostrarse "inteligente" y "fuerte". Porque eso siempre hacía cuando un chico llamaba su atención, poner barreras a lo que le generaban las personas. Siempre puso primero su razón por encima de sus emociones, para ella hasta ese entonces era cómo se hacían las cosas, cómo resolvía sus "asuntos". ¿Se acuerdan? Ella pensó lo lógico: era otro asunto, otra distracción, otro amor fugaz de los que muchos catalogan como "platónico" por lo idealizado que está pero que nunca se lleva a la realidad. 
Como hasta ese entonces significaba "otro asunto" ella salió del aula aquel día pensando que iba a poder solucionar su "distracción". Que era uno más de los que la vida le había puesto en el camino y que disfrutara el momento. Pero jamás olvidando su objetivo de vida: ENTRAR A SU CARRERA. Nada ni nadie podría ni debería distraerla de SU OBJETIVO. 
Nuestra chica era muy caprichosa y en parte bastante egoísta porque siempre pensaba en ella y sus proyectos poniéndolos primero por sobre el de los demás. Ella siempre había funcionado así porque nunca se había encontrado en una situación de compartir proyectos. Exceptuando en el colegio cuando tenía que hacer alguna entrega de trabajo grupal, que claramente, odiaba hacer. Odiaba ser mandada, odiaba que le organizaran la vida. Ella nació más para liderar o ordenar que para que le dijeran lo que tenía que hacer. Odiaba que la contradijeran o que le plantearan situaciones espontáneas. Su obsesión era la planificación y aceptaba que moriría de ganas de saber qué sería de ella en el futuro si pudiera para anticiparse y ya estar preparada y organizada.
Nuestro chico, el misterioso de la voz destacada de locutor, el "asunto" de nuestra chica era todo lo opuesto. Hasta ese momento ella no tenía mucho más que su "buena onda" o "buena predisposición". Las primeras semanas ni siquiera sabían sus nombres. Pero al poco tiempo se presentaron más formalmente cuando el amigo de ella se acercó al misterioso locutor y empezaron a tener ESA "charla de hombres" en la que ella moría por participar: ¿mujeres? Y no!!! Guitarras y equipos. Ella estaba desesperada por entrar a su conversación y lo logró. Y para antes de que los 3 lo notaran eran mucho más que 3 personas con intereses en común. Hasta compartieron una pizza a la salida de la facultad un día. 
Mucho más adelante, pasaron días y días de cursada y ella cada día se acercaba más a su locutor, que para esos momentos ya era su amigo. De esos que te joden en clase, te pelean por todo y con quien te reís por debajo cuando tiran chistes sobre algún dicho del profesor. Porque claramente nuestro locutor no era ningún tonto, y tenía todas las de ganar para llevarse la atención de nuestra chica. Nuestro locutor era un chico sumamente interesante: sabía muchísimo, tanto de cuestiones académicas como de la vida en general. Todo lo que salía de su boca era llamativo para ella. ¿O era su boca lo que le llamaba la atención? No, no, no. Ella sólo lo quería como amigo, ¿no?


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